Cuando todo se derrumba

Este mundo humano terreno en el que vivimos, sabiendo que estamos de paso, como dice Cristo:”Vosotros no sois de este mundo” es el mundo de la impermanencia. Todo está en constante cambio y transformación.

Creo que todos en un momento de la vida hemos tenido que enfrentar pérdidas, una crisis en que aparentemente todo se nos vino abajo, o una parte importante que hemos tenido estructurado y todo se resquebrajó: De pronto una enfermedad que nos cambió la vida, un accidente, una separación de la pareja después de años de compartir la vida, una pérdida importante económica que nos daba seguridad, la muerte de un ser querido.

Casi siempre nos entra un profundo temor a lo desconocido. ¿Que va a pasar ahora? No sabemos. Es un momento de parar y no precipitarnos. Es vivir el momento porque todo lo que está pasando nos trae una lección importante. Cuando nos desfondamos y no podemos agarrarnos, sentimos un gran dolor. El amor a la verdad nos pone en ese sitio.

Que todo se nos venga abajo es una prueba y una curación. Nos conecta con una verdad más profunda, con aquello que es indestructible que tiene que ver con nuestro Ser esencial que es eterno,  y con la Fuente de la Verdad que es eterna e inalterable.

La curación proviene del hecho de dejar espacio para que todo ocurra sin querer pasar rápidamente la prueba o superar el problema: espacio para el dolor y para el alivio, para la aflicción y para la alegría.

Podemos pensar que algo nos va a producir placer, pero no sabemos qué va a ocurrir en realidad. Podemos pensar que algo nos va a hacer sufrir, pero tampoco lo sabemos con certeza. Lo más importante de todo es dejar sitio para el no saber. Nunca sabemos si vamos a caer profundamente o si vamos a poder aguantar. Cuando vivimos una gran decepción no sabemos si ahí se acaba la historia. También podría ser el principio de una gran aventura.

Esta historia nos lo confirma: sobre una familia que tenía un único hijo. Eran muy pobres y su hijo era la cosa más preciosa para ellos. Lo único importante era que algún día les podría aportar prestigio y ayuda financiera. Un día el hijo se cayó de un caballo y quedó cojo. Aquello  parecía el final de sus vidas. Dos semanas después llegó el ejército al pueblo y reclutó a todos los jóvenes sanos y fuertes para enviarlos a la guerra, mientras que a él se le permitió quedarse y cuidar  de su familia.

La vida es así. No sabemos nada. Decidimos que las coss son buenas o malas, pero en realidad no sabemos. Cuando todo se derrumba y no sabemos que hacer, la prueba para nosotros es quedarnos en ese momento, en ese límite y no tomar decisiones precipitadas.

La vida es nuestra gran maestra. Con darnos cuenta de ello, vemos que las cosas siempre están en transición. Nada sucede al gusto de nuestros sueños. El hecho de sentirnos que algo se nos vino abajo, es una situación ideal para abrir nuestros corazones y mentes para ir más allá de los límites conocidos.

Permanecer en esa situación agitada, ésa es la senda del verdadero despertar. Quedarnos en esa incertidumbre, en medio del caos, aprender a no tener pánico, ésta es la senda del trabajo espiritual. Recuerda que el caos precede a un nuevo orden. El morir a una situación que ya la teníamos estructurada y nos daba una cierta seguridad, nos lleva a una nueva vida con nuevas oportunidades, en donde contactamos con un potencial y una sabiduría en nosotros que no conocíamos.

Comments

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  • yolanda

    BUEN DIA SU REFLEXION ME A SERVIDO DE MUCHO ESTOY EN UNA SITUACION DIFICIL Y LA VERDADD ME SENTIA DESEPERADA INTRANQUILA OBIAMENTE DESEANDO QUE PASARA ESTO LO MAS PRONTO POSIBLE PERO LEYENDO SU COMENTARIO LE PEDIRE A DIOS LA SERENIDAD Y PACIENCIA PARA MANTENERME TRANQUILA MIENTRAS ESTO PASA. GRACIAS!!

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