El amor a ti mismo

1.- La búsqueda del amor a través del ego.

Para el ego el amor es una amenaza, por esto tenemos miedo de abrirnos completamente al amor en nuestras relaciones, con las personas cercanas a nosotros, especialmente si tenemos una pareja. Si nos responden como yo necesito abro mi corazón, de lo contrario cierro inmediatamente mi corazón para defenderme, pongo mi coraza de protección. Mi amor es condicionado. Y para el ego el amor es algo peligroso, pero nunca lo manifiesta abiertamente de este modo. Sin embargo siempre se lanza a una búsqueda insistente del amor, pero desde la carencia lo busca afuera, para ver quién le responde al amor del cual carece. Y el lema del ego es: busca pero no encuentres.

 

La búsqueda que el ego emprende del amor está condenada al fracaso. El ego es incapaz de amar, y en su búsqueda de amor, anda en pos de lo que teme encontrar. Como el ego vive desde la carencia, especialmente del amor, es muy frecuente que busca desesperadamente una pareja para que llene su necesidad y como esto no es amor sino una necesidad o le cuesta encontrar una pareja o se encuentra con otra persona con la misma necesidad, ya que lo mismo atrae lo mismo, y al poco tiempo esa relación que se basa en la codepencia , termina en una gran desilución porque mi pareja, en la ilusión de que me llenaría mi necesidad, no puede hacerse cargo y viceversa, me desilusiono. Por esto cada vez que le exijo o demando o tengo expectativa con la pareja, es exigirle que llene mis necesidades. Puedo invitarle o expresarle un deseo, si libremente quiere responderme, excelente, de lo contrario si no quiere, es mi responsabilidad de hacerme cargo de lo que deseo.

 

2.- El amor a través del Ser.

 

A diferencia del ego, si recordamos la naturaleza de nuestra ser, que es nuestra verdadera identidad, ni siquiera tenemos que buscarlo y menos afuera, porque es la naturaleza de nuestro Ser, que es idéntica a la de Dios. Sólo recordar quien soy para encontrar en mi, ese Ser tan maravilloso cuya naturaleza es amor.

 

Desgraciadamente en nuestras primeras etapas de nuestra vida nunca nos enseñaron a amarnos. En la educación que nos dieron nuestros padres, debíamos tener determinadas conducta, para que la sociedad, especialmente mi entorno más cercano, nos acepten, nos quieran, nos valoren, nos amen. Además debíamos tener determinados logros académicos, ser importantes para lo demás, tener logros sobresalientes, para que nos admiren y nos respeten. Por lo tanto mucho de lo que hacemos en la vida, el servicio que prestamos, las atenciones que tenemos, es para que nos valoren, para que nos quieran, para que no nos abandonen ni nos rechacen. Y esto no es un real amor. Cuantas veces cuando hemos tenido una atención con una persona, o según eso que le hemos brindado nuestro amor, y no nos responden de la misma manera, nos enojamos y protestamos.

 

Cuando nos amamos de verdad, desde el Ser real que somos, como Dios nos ha creado, es honrar ese Ser maravilloso que somos, es honrar a Dios en mi. Desde la persona humana que somos, valoramos nuestras cualidades humanas que tenemos, nuestras capacidades, nuestros dones. También reconocemos nuestras debilidades, nuestras equivocaciones, no para criticarnos, juzgarnos y culparnos, sino para aprender de nuestras equivocaciones y corregirlas, acompañándonos con mucho amor. Por esto el perdón es una herramienta que me libera y es un acto de amor conmigo mismo. En una palabra, es aceptarnos incondicionalmente. Sólo el amor nos sana, no el juicio y menos la condena.

 

Querernos es lo más importante que podemos hacer y es la clave para crear una vida feliz. Es hacerme cargo completamente de mi vida para crearla preciosa. Me encanta lo que decía Facundo Cabral: “Dios sólo te encargó de una vida, que es la tuya, créala feliz”. Esto jamás es egoísmo. Todo lo contrario, si yo he creado una vida plena a través del amor a mi mismo, el primer regalado seré yo, porque voy a crear una vida maravillosa. Además si a través del amor me siento realizado en lo que vivo y en lo que hago y contento conmigo, esto voy a compartir con los que me rodean y es un regalo con todas las personas cercanas a mi. Y que flojera convivir con personas que se sienten víctimas de la vida, que de todo se quejan y se lamentan de todo lo que les pasa. Y finalmente, es la mejor alabanza a Dios, porque Dios te ha creado, para que vivas feliz, en paz, en amor, dando lo mejor de ti desde el amor que siempre es creador por naturaleza.

 

Es imposible querer a los demás, hasta que aprendamos a amarnos incondiscionalmente. El mito de que querernos es egoísta, es justo lo contrario. Parece que vivimos en un mundo al revés, donde nos enseñaron lo opuesto a lo que verdaderamente nos puede ayudar a una vida feliz y plena. Para que entendamos esto, tienes que saber que la cantidad de amor, respeto, apoyo y compasión que recibo de los demás, es directamente proporcional, a cuanto me quiero de verdad, porque es imposible recibir amor si yo no estoy conectado con el amor, que es mi verdadera esencia del Ser que soy.

 

Como no podemos dar lo que no tenemos, querernos es absolutamente necesario para poder querer realmente a otras personas. Cuanto más amor descubrimos en nosotros, ya que nuestra verdadera naturaleza es de amor, más podremos compartir con las personas que nos rodean. De lo contrario seguiremos buscando fuera el amor, por estar desconectados de quienes somos en realidad, en lugar de mirar hacia adentro y descubrir el Ser maravilloso que somos. Por esto la invitación de mirar hacia dentro, creando un silencio interior. La Meditación es una ejercicio de acallar tu mente, parar toda actividad y escuchar al savio divino interior que tiene todas las respuestas a tu vida, basado en la visión del amor.

Something to Say?

Your email address will not be published.