La diferencia entre vivir consciente o vivir inconsciente

Esta mañana trabajando con una persona que vino a terapia, me quedó muy claro la diferencia entre vivir consciente o vivir inconsciente. Cuando vivo consciente: vivo. Cuando vivo inconsciente: estoy muerto, vivo en forma automática bajo estructuras de pensamientos del pasado o respondiendo a emociones estructuradas dentro de mi sistema, que me llevan a tener una determinada reacción. Las situaciones que vienen del mundo exterior me llevan a responder bajo estructura guardadas en mi inconsciente, en forma automática.

Para que entendamos esto, hace algunos años he leído en un cuento Sufi que narraba lo siguiente: Había un hombre que quería saber como vivían las personas y se puso a recorrer algunos pueblos. En su recorrido llegó a uno de ellos y entró en el cementerio y le llamó mucho la atención que en las lápidas decía: 2 años, 6 meses, 20 días. Otra: 4 años, 1 mes, 5 días. Otra: 3 años, 11 meses. Otra: 1 año,

7 meses, 10 días. Y así sucesivamente. El hombre se sintió muy asombrado. Al ver el velador del cementerio el asombro de la persona se acercó y le preguntó: ¿Qué le pasaba? Y el hombre le dijo: “Sin duda en este pueblo hubo una calamidad muy grande, ya que hay puros niños enterrados aquí”. A lo que el velador le contestó: “Todos en este pueblo llevamos una tablita en el cuello, como la que tengo yo, y ahí apuntamos el tiempo que vivimos conscientes en nuestra vida”. Es el tiempo real de vida.

Cuando vivimos inconscientes nos volvemos mecánicos y entramos así en la mecanicidad de la vida. Somos repetitivos. Baja muchísimo el disfrutar de lo que vivimos y hacemos, y por esto nos aburrimos de la vida. La vida se vuelve muy rutinaria. Esto se ve en las relaciones con la pareja, que al principio todo era muy emocionante y luego con el correr de los años se vuelve rutunaria y aburrida. Y esto puede pasar en cualquier relación. También en el trabajo que podemos empezar con mucho entusiasmo y con el correr del tiempo nos sentimos cansados y aburridos, porque hemos entrado en el automático de hacer las cosas desde la inconsciencia.

Vivir consciente significa en primer lugar estar conciente y muy presente conmigo mismo, es decir en mi ser interior. Consciente de mis pensamientos, de mi estado de ánimo, de mis emociones, de mi cuerpo. Esto se puede lograr a través de una práctica de meditación diaria. Una vez que logre el contacto conmigo mismo, puedo tomar conciencia del mundo que me rodea: el caer el agua de una fuente, un atardecer, una planta, una mascota, pero sobre todo la compañía de una persona y más si es una persona que quiero.

En ese despertar de conciencia mis sentidos físicos es un canal maravilloso para disfrutar desde una sensibilidad con cada sentido: con la vista puedo contemplar tantas maravillas que me rodean. Con el oído puedo escuchar los sonidos de la naturaleza, una buena música. Con el olfato descubro los aromas de la vida. Con el sentido del sabor me deleito de las comidas, que cuando lo hago con conciencia, puedo disfrutar de muchos banquetes, aun con comidas sencillas. Y finalmente con el sentido del tacto disfruto enormemente del contacto físico que me puede dar mucho placer. Si no tengo conciencia todos los sentidos que me pueden brindar momentos de mucho placer desaparecen. También con los sentidos puedo percibir cosas desagradables y esto me ayuda a poner distancia o trato de vivirlo de la manera menos desagradables si es que no me puedo alejar. Toda esta conciencia me hace sentir muy vivo.

Pero donde realmente puedo disfrutar de paz, de gozo pleno, es cuando hago un verdadero trabajo espiritual, que es recordar mi verdadera naturaleza espiritual de mi Ser, como Dios me ha creado. Para esto la meditación es una herramienta excelente, para que desde el silencio interior, acallando mi mente, pueda tener el contacto desde la intuición con la sabiduría de mi Ser real. En nuestra vida cotidiana tenemos demasiados distractores: Una es nuestra mente racional que constantemente nos saca de vivir plenamente el presente, nos lleva al pasado o al futuro o pensamientos vanales y nos mantienen distraídos. Otro es el mundo que nos rodea que nos ofrece constantes distractores que no nos permiten estar en contacto con nosotros mismos, para vivir con conciencia todo lo que sucede internamente, y desde ahí hacia el mundo exterior. Me encanta lo que dice un Banco aquí de Guadalajara en su propaganda: Cuando miras hacia afuera, duermes, cuando miras hacia adentro despiertas.

La visión espiritual de nuestro Ser, es ver todo lo que estoy viviendo en este plano humano, con la visión de Dios, o del Amor, o del Ser real que soy, que es de la misma naturaleza de Dios. No niego nada de lo que veo en este mundo de la materia, pero siempre esta presente la visión del Amor real, que es libre, sin apegos, con una gran comprensión de todo lo que va pasando y dando la mejor respuesta basada siempre en el amor que por naturaleza es creativo. Cuando está presente el amor, el miedo desaparece que siempre tergiversa la realidad y me desconecta de mi Ser real, que tiene todas las respuestas sanas a cualquier situación que se nos presenta.

Esto siermpre nos traerá paz, confianza y seguridad. Además si dentro de nuestro trabajo espiritual nos conectamos con la Fuente de todo el Universo que es Dios, y nos sentimos Uno con Él, desaparecen todos lo temores, que vienen de mi ego desconectado.

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