Toda persona o todo Ser que viene a vivir esta experiencia humana terrena, inicia su vida a través de una familia. Es nuestra primera escuela en donde aprendemos a vivir en este plano humano. Ahí aprendemos de acuerdo a como viven nuestros papás: valores, creencias, formas de vida, como encarar los problemas de la vida. Un aspecto importante es el aspecto emocional que viven nuestros papás en la interacción que tienen con los hijos. Si esa interacción está basado en un real amor y no en el miedo, será un gran apoyo para que pueda tener una vida con mucha confianza y seguridad. Pero si los papás han tenido una infancia muy difícil de rechazos, de sometimientos, de abandono, de violencia física o emocional y no lo han sanado, inconscientemente así tratarán a sus hijos. De esto surge una familia disfuncional, con hijos disfuncionales. La disfuncionalidad viene de una carencia profunda de amor. Y los hijos que provienen de una familia con una problemática profunda, salen a vivir en la sociedad, causando serios problemas en la sociedad, en las relaciones.

Analizaremos la sociedad que estamos viviendo, con guerras, asesinatos, secuestros, violaciones, abusos, que son el reflejo de lo que han aprendido y vivido en la familia. Esa es la primera causa de los efectos que se manifiestan en la sociedad que vivimos. Y la causa más profunda y la base de todas, son las personas que forman la pareja para crear una familia. Si esas personas están muy enfermas emocionalmente, no pueden establecer una relación sana de matrimonio y por consecuencia esto se reflejará en la educación de los hijos.

Por consecuencia la causa básica está en el individuo, que se manifestará sus efectos en la familia y de ahí a la sociedad. Es como una célula cancerosa que empieza a afectar a un órgano y luego a todo el cuerpo hasta causar la muerte.

¿Cuál es el camino? Es trabajar para que el individuo o la persona sane su parte emocional enferma. Si la persona se sana, sanará su entorno familia y de ahí se proyectará en la sociedad. Y como yo no puedo sanar a otra persona si no quiere, lo primero que yo tengo que hacer es sanarme yo. Yo no puedo sanar a otro si primero no he sanado yo. Además mi sanación siempre repercutirá en los demás. Esta es una tarea que todos debemos asumir, para bien personal, para bien de mi entorno, y por consecuencia repercutirá en toda la sociedad. Tanto más células sanas haya en nuestra sociedad, más sano estará la humanidad. Y por el contrario, tanto más células cancerosas hay, más enfermo estará el planeta.

Concluyendo, dejemos de echar culpas afuera, asumamos el trabajo más importante de sanarnos emocionalmente a través del amor, que es la única visión sana y sabia de la vida, porque es la visión de Dios, en donde sólo encontramos amor incondicional. Y desde el trabajo personal compartamos nuestra experiencia, para caminar de la mano hacia una vida, como Dios nos ha creado para vivir en paz, en amor, disfrutando de esta vida tan maravillosa.